Ser mamá en tiempos de cuarentena

Actualizado: 23 jun 2020


Llevo casi dos meses sin perder la mínima oportunidad de ver sus ojos para que estos días se queden grabados en mi memoria como un regalo. Gracias a ustedes las tormentas de la vida no me mojan. Mirarlos siempre es encontrar respuestas.


¿Cómo no aprovechar estos días teniéndolos tan cerquita, justo cuando su adolescencia me puso el reloj a andar y su tiempo ya no era conmigo?


Es por eso que este tiempo para mí ha sido uno extra que me ha llenado los espacios vacíos.


Las tardes parecen domingos alargados, hasta los pájaros lo saben por eso vuelan más libres en el cielo y los autos prefieren un garage a una autopista.


Desde hace más de cuarenta días solo salgo yo para hacer las compras mi día asignado. Mis hijos siguen sus clases on line, ayudan en las labores de la casa y no se quejan, se adaptan, aunque los he visto llorar por la gente que muere. Yo continúo trabajando desde casa, con la particularidad de que puedo sorprenderlos con snacks de media mañana y comidas preferidas. Les he hecho pie de manzana, pie de limón, mouse, tortitas de arroz, patacones y cuánta receta pienso les puede gustar.

La vida como la conocíamos se detuvo.


En las redes compartimos un mundo unido por la misma frase de quédate en casa. Las oficinas, el tráfico, las deudas, las compras innecesarias, las obligaciones estresantes, los deberías, las fiestas, no tienen fecha de reactivación.


Hice lo contrario a cientos de sugerencias de expertos porque consideré que más que ponerme o poner tareas y horarios debía cuidar lo que había, para el futuro. Me permití ser la mamá que pude ser y ha sido mi fuerza interna la que dirigió estos encierros y me dejó respirar para construir, soñar para reinventar y creer para avanzar.


Hemos rezado, cocinado, estudiado, jugado, peleado, llorado, reído y limpiado, también nos hemos quedado en silencio abrazados con la única certeza de nuestra compañía. Todavía no acabamos el rompecabezas que empezamos y los monopolios los gana siempre Josemaría. Hacemos tardes de cine, clases de cocina, a veces logro que filosofen conmigo y algunas noches tenemos conciertos en vivo de Manu.


Vivimos un día a la vez porque desde el primer día me pareció de vital importancia respetar los procesos internos de cómo sentir y afrontar este cambio para el que no había guiones, muchas cosas perdieron importancia, desaparecieron como sombras.


Lo único preestablecido que tenemos son las clases diarias y mi tele trabajo, el resto de actividades las inventamos individual o colectivamente, improvisamos lo más posible para no perder la autenticidad que la falta de libertad quita.


Lo que vivimos dentro de casa es lo único que tiene nuestro control, podemos vivir lo que queramos y los días difíciles también son necesarios para agradecer los fáciles, así como la noche necesita del día para existir.


Sí, tengo miedo a lo desconocido pero espero que seamos muchos los que volvamos al mundo con una visión diferente de la “normalidad” anterior para que exista más música que deudas, más libros que estrés, más amor que ambición y más justicia que desigualdad.


@lacarmenirene



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