Hasta siempre

A la mesa de la casa de mis tíos vamos llegando uno a uno de los que quedamos sin saber bien qué decir. Nada es igual. El llanto y el abrazo nos unen, el dolor nos quiebra, el amor nos pega.

Nos escuchamos, conversamos, nos quedamos en largos silencios, lloramos, bajamos la cabeza. En medio contamos anécdotas y nos reímos, con la risa que sale forzada y aparece como remedio. Tomamos café y comemos tortillas de maíz y yuca, la comida tiene un simbolismo de unión.

En la mesa del fondo está la foto de nuestro mellizo con una vela encendida, yo sigo creyendo que todo es mentira pero los ojos de mis tíos no permiten que me convenza.

Los ojos de Valen de once años son esquivos, contenidos, parecen los míos a esa edad solos sin mi mami. Los ojos de Cristi inocentes, presentes, libres de la verdad, hacen que yo viaje hacia atrás y me vea de cuatro años repitiendo que mi mami se fue al cielo como si el cielo fuera el dormitorio de arriba .

Después de largas horas de pura compañía se apagan las risas, los llantos, las luces, la vela. Los puestos de la mesa uno a uno van quedando vacíos. Mañana será un nuevo día.

Hace cuarenta años que no escuchaba esos pájaros madrugadores recaderos de lenguajes lejanos y viento caliente. Desperté en el sitio exacto donde mi mamá despertaba y tuve la sensación de que me arrullaba.

Cerré mis ojos y sentí que en mi corazón aún faltan palabras y aún existe el mismo silencio de cuando todo se apaga.

La muerte se lleva algo que es para siempre. Es difícil ver lo que queda después, el hueco inexplicable que lleva el alma llora cada vez que uno quiere explorarlo.

Gracias primo, hasta siempre mi mellizo



@lacarmenirene





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